martes, 11 de mayo de 2010

Dar la vida en una mano (Primer Capítulo)

Atilio, esta historia sucedió hace unos años, cuando casi por casualidad me convertí en un empresario gastronómico.
Todo empezó un día de Junio, mucho frío y poco gas. Eran los tiempos del recorte, cuando todavía no comprábamos a Bolivia nuestro bienestar gasolero. Estábamos el Pocho, Pingo, Juanca y yo calentándonos con unos drinks y unas cartas de póquer en el living de mi casa. Pingo y Pocho eran hermanos, vecinos de la casa de mi abuela, nos conocíamos desde hacía muchos años y manteníamos una gran amistad. Juanca era un conocido de Pocho, un loco de la guerra, jugador compulsivo, alcohólico y depresivo. Pingo, como siempre exagerado, tenía puesto tres pares de medias, dos pantalones, tres remeras, dos pulóveres, una campera, una bufanda y unas orejeras que su madre le había traído luego de su viaje a Jujuy. Pocho, Juanca y yo, normalmente vestidos.
Era muy tarde ya, cuando al borde de la quiebra Juanca saca un papel y una lapicera en el que escribe algo, lo pone en el centro de la mesa y cuando nos acercamos a ver en él expresaba la apuesta más grande de su vida. No lo podíamos creer, inclusive tratamos de pararlo, pero nunca vimos a alguien tan testarudo como Juanca en ese momento. Estaba apostando su bar. Quedaba en el centro pero era unos de los más viejos del pueblo.

- Repartí las cartas que ésta es mi mano de la suerte. - Decía ilusionado Juanca.

- ¡Pensalo bien! - Dije.

- Dale, dale…, ¡Ésta es mi mano! - Gritaba Juanca.

- ¿Qué hacemos? ¿Aceptamos? - Le pregunté a Pocho.

- ¡Obvio!, que se joda por borracho - Dijo Pocho riéndose.

En eso momento me encogí de hombros y repartí las cartas. Como nunca, mi suerte se hizo presente. En mis manos tenía una escalera real de corazones. La mano más linda de todas en el mejor momento del juego.

- ¡Voy a ser dueño de un bar! - pensé y me aguantaba para que no salga la sonrisa.

El juego siguió su curso y obviamente al finalizar me había consagrado como el nuevo dueño del bar "La esquina". Todos festejamos menos Juanca que se suicido minutos después tirándose debajo del tren de las 03:50hs.
Luego del funeral los tres fuimos a hacernos cargo del bar, ya que como Juanca no tenía familia nadie reclamó ser dueño de esa pocilga, pero nunca me imaginé lo que iba a pasar. Se puede resumir en una frase "Lo que rápido viene, rápido se va".

Continuará...

No hay comentarios: