Muy buenas Atilio, perdoname que tarde tanto pero no encontraba tu teléfono, es algo natural, ya que no lo anoté. No, pará, si lo anoté…, a ver, no, es el teléfono de Luciana Salazar que aparecía en la publicidad…
Hoy me comunico con vos gracias a la gran cantidad de personal que trabajó con nosotros en la estancia. No puedo dejar de contarte que en estas semanas en las que he desaparecido me he mudado, cosa increíblemente difícil, ya que no estaba tan dispuesto a hacerlo, y en menos proporción preparado. Fue la tarea más difícil que he emprendido en mi vida. Se me ocurrió hacerlo por mis propios medios, o sea, no llamé a la empresa de mudanzas, todo con mis manos y las de algunos Atilios de por ahí que colaboraron gratuitamente y muy honorablemente fueron recompensados.
Todo transcurrió con gran tranquilidad que me dio hasta miedo, ya era sábado cuando me dí cuenta que desde ese momento era un hombre, solitario ser que nadie mimaría a la cercanía. Miraba a mi alrededor y veía soledad, las cosas regadas por el suelo sucio. Necesitaba una voz amiga, algo… Empecé a llamar por teléfono y encontraba una señorita bastante mala onda que decía, “Usted se ha comunicado con el 4857-nenu nenu nenu nenu (lo dije a lo Susana, así que nadie transpire), en este momento no se encuentra disponible por favor después de la señal deje su mensaje.”. Algo muy importante es que no me dijo gracias, si es que realmente dejaba el mensaje me iba a sentir vacío, como obligado, pero no lo hice, bien asquerosita la grabación. Pasaban lo minutos y no encontraba a ningún compa que me venga a hacer la gamba, nada de nada, claro, era sábado, nadie sale…
Entonces dije, “me tiro en el sillón y espero que pase algo…, siempre pasa algo”. A los quince minutos, nada más que quince minutos mi nuevo vecino, el de abajo, empieza a gritar, una sonrisa floreció de mí, película gratis me dije. Este hombre empezó a insultar a su concubina como no imaginé que se podía, algo cambió en mí al segundo, empecé a sentirme raro, ¿Será esa sensación la tan famosa vergüenza ajena?. Que ridículo este personaje cercano que piensa que gritando logrará algo. No entiende que las mujeres nos dominan, todo el tiempo nos dominan, nosotros gritamos y ellas nos dan vuelta como una media (dicho que nunca entendí por cierto). Tal cual lo imaginé, hubo un gran silencio, y su concubina diciendo con voz muy tranquila, “hoy dormís afuera, anda a gritarle a tu madre”, luego una puerta se cerró fuertemente. En ese momento se me erizó la piel y agradecí estar solo con mi mugre.
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