sábado, 13 de octubre de 2007

Los siete pecados capitales

Y bueno, acá estoy, perdona la tardanza Atilio, pero como vos sabes el mundo fue y será una porquería.

Siendo muy temprano en la mañana, paso a relatarte lo que me sucedió hace pocas horas atrás. Estaba regresando a mi casa, cuando de camino, un señor de barba pronunciada, ropa maltrecha, bastante dejado respecto a su higiene, así lo entendió mi vista y mi olfato, me solicita algo para comer. Lo miré y como nunca antes me sentí en la obligación de acceder invitándolo a desayunar, a lo que asintió, pero solicitándome que el lugar de nuestra comida sea en donde él se encontraba sentado, que no quería sentir la vergüenza de que no lo dejen entrar al bar. Me dirigí a comprarla y luego de unos minutos me dispuse a compartirla en el segundo escalón de la vieja galería. Me contó que su nombre es Alberto, que hace poco cumplió los setenta y dos años y quince desde que la calle se convirtió en su actual hogar. Tenía una mirada dulcemente triste, detrás de sus ojos azules se escondía una persona increíblemente servicial, atenta y tranquila.

Nuestra conversación se fue poniendo cada vez más amena mientras que el sol aparecía en el final de la avenida. Me contó que era abogado, mientras me mostraba un changuito de supermercado lleno de objetos que no me alcanzaría la vida para enumerar, uno de ellos era su título. Continuaba diciéndome que en algún momento vivió con grandes lujos, casas, autos, mujeres, vacaciones en distintos idiomas. Que tuvo tres esposas que le dieron seis hijos, cuatro varones y dos mujeres, las más chicas.

Mi ignorancia y mi desconocimiento lograron que mi boca expulse la tan trillada pregunta, ¿Por qué está en la calle? A lo que él respondió, “porque no me quedó otra y además es lo que busqué”. Se me erizó la piel por un segundo, tuve mas o menos diez escalofríos seguidos cuando luego de responder me miró y lanzó su primer lágrima de la mañana. Me relató las causas que lo habían arrojado a su presente realidad, la juerga, las putas (esa fue su palabra), las drogas y sin ninguna duda la venganza.

“…Estuve cinco años en prisión por la venganza, seguía su relato, no te das una idea de lo que sufrís ahí, los gritos, las palizas, la soledad…”. Desde ese momento todo era siempre bajo lágrimas de odio y de dolor. “…De pesar ciento veinte kilos terminé con los setenta que ves, prosiguió, y no me quedó nada, nada de nada, solo esta frazada, mi chango y está ropa piojosa que me regalaron ya ni me acuerdo cuando…”. Me sentía muy mal, como culpable, escuchando la tan desdichada historia que me presentaba mi cordial interlocutor.

“…Haceme caso pibe, continuó, disfrutá de la vida, no te prives de nada, divertite, pero siempre tené en cuenta que todo termina, y pare ese momento, tenés que estar preparado, los siete pecados son irresistibles, disfrutalos sabiendo que el abuso te llevará a la desgracia. Y ahora andá, tengo que levantar mis cosas para empezar la caminata diaria de búsqueda y castigo”.

Me levanté, le di la mano y me retiré sintiendo que mi vida, desde ese momento había cambiado, pero al llegar a mi casa todo volvió a la normalidad, todo estaba igual, hasta los siete pecados estaban retomando su curso normal. Me hice el sándwich de siempre (gula), recordé la noche que había tenido (lujuria), me encabroné cuando vi la poca plata que tenía en la billetera (ira), y obvio, le pagué todo a la mina, tendría que haber dejado que pague ella (avaricia), me puse a ver un película en la cual yo no era el director (envidia), obviamente yo la hubiese hecho mejor (soberbia) y me recosté en la cama sabiendo que al otro día no me levantaba a trabajar (pereza). Todo volvía a su engañoso camino.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno, justo hace unos días trataba de enumerar los 7 pecados capitales, y me faltaban un par q ahora q veo son los q mas cometo (pereza y ...ya no me acuerdo el otro,ves?) ;Me gusta mucho la manera de escribir, ahora voy a dar una vuelta por las cosas q me quedaron sin leer, hace bastante q no pasaba x aca.
Besos, San.

Anónimo dijo...

Muy buenas las historias, pero estás cometiendo PEREZA al escribir de manera tan espaciada.

Bisous!

Lu